Abraham Wajsbrot, dueño de la firma Ailyke, participó de las macabeadas 2017, competencias deportivas organizadas como olímpicas.

LM-¿Cuándo comenzaron a prepararse para la macabeada?

AW- Empezamos a prepararnos con ocho meses de anticipación. Lo hicimos como pudimos. Primero, compramos la bici de carrera y todo lo necesario. Luego, comenzamos a entrenar. Nadábamos dos o tres veces por semana, y corríamos en cinta y calle. Participamos, antes de ir a Israel, en algunas competencias mientras nos preparábamos con un entrenador grupal, Miguel Pipo, quien armó nuestro plan de entrenamiento. En mi caso personal, entrené mucho tiempo solo pero también con el grupo macabeo en el circuito kdt en Ezeiza.

LM-¿Cuál fue la motivación que te llevó a participar de un desafío como éste?

AW- Los motivos fueron varios. Queríamos conocer Israel y el deporte fue la excusa perfecta. Entrenar disciplinas desconocidas para nosotros fue una de las principales motivaciones. Realizamos un gran sacrificio, el cual compartí con mi mujer Octavia y mis cuatro hijos.

LM-¿Cómo fue el recorrido de la carrera?

AW-La competencia tuvo varias etapas. Arrancamos con 22 km en bicicleta, realizados aproximadamente en 38 minutos a toda velocidad. Luego, corrimos una media maratón en Jerusalén en la que enfrentamos subidas y bajadas de noche. La etapa final consistió en un triatlón olímpico y 5000 metros en el agua en Netania.

LM-¿Qué sensación tuviste una vez terminada la competencia?

AW-La sensación fue muy fuerte. En la competencia convivimos con personas que no conocíamos. Logramos formar un grupo solidario, comprometido con el objetivo y dispuesto a esforzarse. Es muy difícil poner en palabras el amor con el que se manejaban cada uno de los integrantes del equipo.

LM- ¿Cómo lograron esa unión?

AW- Cuando llegamos al aeropuerto de Jerusalén, notamos que ninguno de nosotros tenía su bicicleta. Era un elemento esencial para la competencia. Este contratiempo nos unió a todos de una manera muy especial, la dificultad nos puso en sintonía. Por suerte, pudimos recuperar las bicis y competir. La calidad del evento fue inimaginado para mí, especialmente el shabat en el hotel donde todos abrazados bailamos y rezamos. Formamos un grupo de amigos para toda la vida. Esta experiencia nos unió para siempre.

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